jueves, 24 de marzo de 2022

LOS DOS QUE SOÑARON

 HISTORIA DE DOS QUE SOÑARON

Cuentan que hace mucho vivió en El Cairo un hombre muy rico que sin embargo era muy dado a las fiestas y los caprichos. De esta forma, lo perdió todo y se quedó sin dinero, quedándose solo con la casa de su padre. Así que no le quedó otra opción que buscar un trabajo para ganarse la vida.

Yacub, que así se llamaba, trabajaba mucho y a menudo llegaba rendido a su casa. Estaba tan cansado, y con frecuencia se quedaba dormido bajo una gran higuera del patio de su casa.

Un día, durante uno de estos descansos, tuvo un sueño. Un hombre desconocido se le apareció para decirle lo siguiente:

– Debes ir a Persia, a Isfaján.  Allí encontrarás la fortuna.

El hombre creyó lo que escuchó y vio en su sueño, durante la noche preparó su mochila con víveres, agua y lo básico para emprender el viaje; al día siguiente muy temprano salió decidido , tomo su jorongo, el agua y la mochila y se enfiló con destino a Persia.

Yacub busca la fortuna en Isfaján

El camino no fue nada fácil. Yacub tuvo que atravesar un enorme desierto y hacer frente a muchos peligros, entre los que se encontraban las fieras e insectos. Réptiles como serpientes cascabel, escorpiones; además también los asaltantes de caminos. Se comentaba mucho de los gavilleros de la región. Pero después de muchos días, consiguió llegar a Isfaján.  Al llegar a la periferia de la ciudad ya era de noche y como estaba cansado, se echó a dormir en el patio de una mezquita.

Quiso el destino que esa noche unos bandidos entraran en la casa contigua a la mezquita.

Los inquilinos de esa vivienda se despertaron sobresaltados y comenzaron a gritar, despertando a todos los vecinos. Un hombre que vigilaba cerca de allí mandó a sus hombres para registrar la zona. Los bandidos habían huido saltando por los tejados, y solo pudieron encontrar al hombre que dormía en el suelo del patio de la mezquita. Pensando que era el culpable del intento de robo, le llevaron a la cárcel.

Al día siguiente, el juez de Isfaján quiso tomar declaración al acusado:

– Dime, ¿quién eres? ¿Cuál es tu patria?- preguntó el juez.

– Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Yacub El Magrebí- respondió él.

– ¿Y qué le trajo a Persia?

– Un hombre me dijo en un sueño que aquí encontraría mi fortuna… Me quedé dormido en el patio de la mezquita y un guardia me despertó y me trajo hasta aquí. Igual mi fortuna se encuentra aquí en la cárcel

 – Ja, ja, ja- se río entonces el juez- ¡Hombre de Dios, qué inocente!

Yo mismo he soñado tres veces yo con una casa en El Cairo.

 En la casa hay un patio con una frondosa higuera. Bajo la higuera hay enterrado un tesoro.

¿Y piensas acaso que voy a dejar todo para descubrir si ese sueño es cierto?

 

 ¡Es una mentira! Tú, sin embargo, has errado de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño.

Que no vuelva a verte en Isfaján. Toma estas monedas y vete.

Eres libre regrésate a tu pueblo.

Yacub regresó a su tierra. Llegó hasta la higuera, cavó un poco con su pala y desenterró el tesoro. Esa fue la bendición y la recompensa de su Dios.


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