jueves, 24 de marzo de 2022

CÍRCULO DEL 99

 

EL CÍRCULO DEL 99’,

 un cuento corto sobre aquello que nos hace infelices

Había una vez un rey que era muy, pero que muy rico, pero muy, pero que muy infeliz. Pasaba los días triste y amargado, sin saber muy bien por qué. Y este rey tenía un sirviente muy humilde pero muy feliz, que trabajaba cantando y le dedicaba siempre a su rey una sincera sonrisa cargada de energía positiva.

El rey no podía entender cómo aquel sirviente, teniendo tan poco, podía ser feliz. Y un día se lo preguntó:

– Dime, ¿Cómo es que eres tan feliz? ¿Cómo puedes estar todos los días contento?

– Pues… la verdad es que nunca me lo he planteado, alteza- respondió él dubitativo- No tengo motivos para ser infeliz… tengo lo que necesito. Una casa, comida, vestidos y una mujer que me quiere…

El rey, enfadado, pidió cita con su consejero:

– ¡No entiendo por qué mi sirviente es tan feliz y yo tan infeliz teniendo mucho más! ¿Dónde está el secreto de la felicidad?

– Alteza- dijo entonces el consejero- La explicación no está en lo que su siervo tiene sino en lo que no le falta. Al no faltarle nada para que su vida esté completa, es feliz… Y es porque no entró en el círculo del 99.

– ¿El círculo del 99? ¿Eso qué es?

– Todo el que entra en el círculo del 99 es infeliz… Es muy difícil de explicar… si deja que su sirviente entre en él, lo entenderá.

– Pero… si entra en ese círculo, será infeliz.

– Sí, lo será.

– ¿Y él lo sabrá? ¿Por qué iba a entrar entonces?

– Él sabrá que si entra, será infeliz, pero lo hará.

– Muéstramelo- dijo entonces el rey.

– Bien, para ello necesito una bolsa con 99 monedas de oro. Ni una más, ni una menos.

Y el sirviente entró en el círculo del 99

El rey hizo lo que su consejero le pidió y ambos fueron con la bolsa a la casa del sirviente. Allí, en la puerta, dejaron la bolsa, golpearon la puerta y rápidamente se escondieron para que nos les viera.

El sirviente abrió y al ver la bolsa en el suelo la agarró bien. La agitó y escuchó el sonido de las monedas. Miró a ambos lados y al no ver a nadie, entró con ella en su casa. Se sentó a la mesa junto a la ventana, y el rey y su consejero pudieron ver lo que hacía.

Empezó a colocar las monedas de oro en montoncitos de diez… hasta que comprobó que al último montón, al décimo, le faltaba una moneda para estar completo.

– ¡No puede ser!- gritó extrañado el hombre- ¡Me habrán robado! ¡Solo falta una moneda de oro para llegar a cien!

Frustrado, comenzó a hablar en alto, cada vez más angustiado:

– Tengo que conseguir esa última moneda. Cuando tenga cien monedas de oro, ya no tendré que trabajar más, pero debo completarlo… Si trabajo mucho y hago horas extras… tal vez consiga la moneda de oro en.. ¡12 años! Es mucho tiempo. No, no, no… Vale, puedo pedir a mi mujer que busque trabajo y entre los dos… diez años quizás. Sigue siendo mucho. Venderemos la comida que nos sobre cada día y trajes… también zapatos. ¿Para qué queremos tantos? Con un par tendremos suficiente. Así, tal vez en cuatro años lo consigamos. Sí…

Y así es cómo el siervo entró en el círculo del 99. A partir de ese día, el criado del rey ya no trabajaba cantando, ni dedicaba a todos una sonrisa. No paraba de trabajar y cuando terminaba, seguía trabajando. Llegó un día en que el rey decidió despedirlo, porque no era agradable tener un trabajador tan amargado. Y fue entonces cuando el rey entendió qué significaba entrar en el círculo del 99.

Escucha la narración del cuento El círculo del 99

Ahora también puedes escuchar la narración de este interesante relato del círculo del 99. Usa este reproductor o bien también puedes escuchar el cuento AQUÍ, directamente en el canal de podcast de Tucuentofavorito.com.

  • La felicidad y la infelicidad.
  • Qué es aquello que nos hace permanecer en el círculo del 99.
  • El estrés.
  • La frustración.

DEL MIEDO AL FRACASO

 

DEL MIEDO AL FRACASO

El cuento de Isidro,‘ El miedo al fracaso’

Un día, Isidro tomó un huevo y lo envolvió en un pañuelo. Se dirigió a la plaza del pueblo y comenzó a gritar:

– Hoy os propongo a todos un juego. El que adivine qué llevo en este pañuelo, se llevará de premio el huevo que esconde.

Todos se miraron asombrados. No podía ser que les estuviera diciendo lo que escondía el pañuelo… seguramente sería ‘un anzuelo’ para que cayeran en la trampa. Isidro, ante el silencio de todos, comenzó a dar más pistas:

– Venga, no seáis tímidos. Debéis adivinar qué hay bajo el pañuelo… algo que tiene una yema amarilla. Está rodeada de un líquido del color de la clara y envuelto en un cascarón frágil que se rompe con mucha facilidad.

De nuevo era demasiado evidente. Todos se miraban sin atreverse a decir nada. Isidro siguió gritando:

– Lo que escondo en el pañuelo es símbolo de fertilidad, y nos recuerda a las aves regresando a sus nidos.

Todos pensaban, evidentemente, que lo que Isidro tenía bajo el pañuelo era un huevo, pero les parecía tan evidente, que ninguno se atrevía a decirlo. ¡Era demasiado obvio! Isidro volvió a preguntar dos veces más, y como nadie se atrevía a decir nada, sacó el huevo del pañuelo y se lo mostró a todos. Después, les dijo:

– Todos conocíais la respuesta y nadie se atrevió a decir nada. Es la cobardía, que nos impide arriesgarnos. Solo hay una cosa que frena nuestros sueños: el miedo al fracaso.

  • El sentimiento de miedo al fracaso.
  • La cobardía.
  • Los obstáculos que impiden que alcancemos nuestras metas.
  • El miedo al ‘qué dirán’.
  • La autoestima.

LOS DOS QUE SOÑARON

 HISTORIA DE DOS QUE SOÑARON

Cuentan que hace mucho vivió en El Cairo un hombre muy rico que sin embargo era muy dado a las fiestas y los caprichos. De esta forma, lo perdió todo y se quedó sin dinero, quedándose solo con la casa de su padre. Así que no le quedó otra opción que buscar un trabajo para ganarse la vida.

Yacub, que así se llamaba, trabajaba mucho y a menudo llegaba rendido a su casa. Estaba tan cansado, y con frecuencia se quedaba dormido bajo una gran higuera del patio de su casa.

Un día, durante uno de estos descansos, tuvo un sueño. Un hombre desconocido se le apareció para decirle lo siguiente:

– Debes ir a Persia, a Isfaján.  Allí encontrarás la fortuna.

El hombre creyó lo que escuchó y vio en su sueño, durante la noche preparó su mochila con víveres, agua y lo básico para emprender el viaje; al día siguiente muy temprano salió decidido , tomo su jorongo, el agua y la mochila y se enfiló con destino a Persia.

Yacub busca la fortuna en Isfaján

El camino no fue nada fácil. Yacub tuvo que atravesar un enorme desierto y hacer frente a muchos peligros, entre los que se encontraban las fieras e insectos. Réptiles como serpientes cascabel, escorpiones; además también los asaltantes de caminos. Se comentaba mucho de los gavilleros de la región. Pero después de muchos días, consiguió llegar a Isfaján.  Al llegar a la periferia de la ciudad ya era de noche y como estaba cansado, se echó a dormir en el patio de una mezquita.

Quiso el destino que esa noche unos bandidos entraran en la casa contigua a la mezquita.

Los inquilinos de esa vivienda se despertaron sobresaltados y comenzaron a gritar, despertando a todos los vecinos. Un hombre que vigilaba cerca de allí mandó a sus hombres para registrar la zona. Los bandidos habían huido saltando por los tejados, y solo pudieron encontrar al hombre que dormía en el suelo del patio de la mezquita. Pensando que era el culpable del intento de robo, le llevaron a la cárcel.

Al día siguiente, el juez de Isfaján quiso tomar declaración al acusado:

– Dime, ¿quién eres? ¿Cuál es tu patria?- preguntó el juez.

– Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Yacub El Magrebí- respondió él.

– ¿Y qué le trajo a Persia?

– Un hombre me dijo en un sueño que aquí encontraría mi fortuna… Me quedé dormido en el patio de la mezquita y un guardia me despertó y me trajo hasta aquí. Igual mi fortuna se encuentra aquí en la cárcel

 – Ja, ja, ja- se río entonces el juez- ¡Hombre de Dios, qué inocente!

Yo mismo he soñado tres veces yo con una casa en El Cairo.

 En la casa hay un patio con una frondosa higuera. Bajo la higuera hay enterrado un tesoro.

¿Y piensas acaso que voy a dejar todo para descubrir si ese sueño es cierto?

 

 ¡Es una mentira! Tú, sin embargo, has errado de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño.

Que no vuelva a verte en Isfaján. Toma estas monedas y vete.

Eres libre regrésate a tu pueblo.

Yacub regresó a su tierra. Llegó hasta la higuera, cavó un poco con su pala y desenterró el tesoro. Esa fue la bendición y la recompensa de su Dios.